Lecturas de Invierno..

 ISMAEL DORADO. PSICOLOGO... 

--- Algo que hacemos con toda facilidad, precisión e incluso, maestría, es echarnos tierra encima cuando nos equivocamos, cuando abusan de nuestra bondad o cuando las cosas no salen según lo esperado. La verdad es que si tomáramos un minuto en poner en un papel las cosas que hacemos o nos salen bien o mal, seguramente nos daríamos cuenta que el balance es más positivo que negativo.
Los estímulos negativos son más llamativos y dominantes, y las respuestas a las amenazas y las cosas desagradables es más rápida y fuerte que las repuestas a las oportunidades y placeres. En el dominio de cómo reaccionamos ante las cosas vemos que los malos sucesos tienen un efecto más duradero y consecuencias más intensas que los buenos.
El efecto de los buenos sucesos se disipa más rápidamente;  en el mundo de las redes sociales y de los negocios, vemos que las malas reputaciones son fáciles de conseguir y difíciles de cambiar, mientras que las buenas reputaciones son difíciles de conseguir y fáciles de perder.
Y como afirma el neuropsicólogo Rick Hanson, Ph.D., "nuestro cerebro es como el velcro para las experiencias negativas y como el teflón para las experiencias positivas". ¿Y cuándo te miras al espejo ves amigo o enemigo?.
Comenta esta lectura y compartirla si te parece que puede ayudar a alguien.
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EMMA TRILLES....
--- Mucho se habla del amor y se le ponen normas y apellidos, pero el amor es otra cosa.
No necesita de más estrategias que ser sentido y vivido. No busca más caminos que ser el camino… No añora más momentos que este momento. El amor es otra cosa porque no tiene miedo. Aunque los que aman lo tengan, aunque estén rotos por dentro y cosidos por fuera para disimular… Porque no puede calcularse, ni medirse, ni llevar etiquetas. La única etiqueta que soporta es la de incondicional, si se le ponen condiciones, no es amor es necesidad, conveniencia, resistencia, comodidad, desidia, orgullo… Se han escrito millones de libros sobre el amor, pero no sabemos casi nada. No es una ceremonia. No es un ritual. No es un rato bajo las sábanas, ni cien días bajo el sol. No es aguantar nada, ni mirar a otro lado. No es obedecer ni suplicar, no es estar alerta ni esperar lo mejor, ni lo peor, ni siquiera esperar… Es vivir.
Es darte cuenta de que estás en casa. No te da nada que no estuviera antes en ti escondido esperando ser rescatado. No te da más alas que las alas que ya tenías pegadas a la espalda pero no veías porque ignorabas que no siempre serías un gusano esperando a darse cuenta de que podías metamorfosear.
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ISMAEL DORADO. PSICOLOGO...
---Sin duda que son formas de entender la vida, pero cada vez que llego a un callejón sin salida me alegro y bastante.
Un callejón sin salida es una enorme señal de que el camino correcto está en la otra dirección, por lo que en vez de preguntarnos "¿y ahora qué?", ganaríamos más fuerzas girando los talones y mirando en la otra dirección.
En vez de torturarnos sobre las razones del "¿y por qué me pasa ésto?", sería mucho más beneficioso preguntarnos “¿Para qué me pasa esto?”. El problema de los contratiempos, es cuando los tomamos como una ofensa de la vida y no como una oportunidad de aprender. También es cierto que la vida tiene una curiosa forma de entender la justicia, dándoles a algunos todos los latigazos y, a otros/as, casi ninguno.
Cuando nos preguntamos para qué, pasamos de ser víctimas a ser alumnos. El “¿por qué…?”, como hemos dicho, no nos hace avanzar ni aprender. Sin embargo, el ¿para qué…? nos permite recuperar el control, posicionarnos, recuperar el papel protagonista de nuestras decisiones, reconocer nuestra libertad por estrecho que sea el margen.




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