NUEVISIMA LECTURA..

 ISMAEL DORADO... 

--- ¿Conocen a alguna persona especialista en no tener nunca la culpa de nada?, ¿bastantes?. Lo gracioso de las personas que nunca tienen la culpa de nada es su permanente mantra: "si tengo que pedir perdón por algo que hice mal, lo hago", el problema es que como nunca lo hacen, nunca se disculpan. Echar la culpa a los demás es muy fácil. Y muchas veces no es más que una forma de no reconocer nuestros propios errores, de no ejercer nuestra responsabilidad.
El ser humano cae una y otra vez en un típico error: buscar culpables fuera de sí mismo, para cualquier problema. Si acertamos, es nuestra virtud, pero si erramos, seguramente será responsabilidad del otro.
El ser humano concibe la realidad de forma causal y, si lo que ha sucedido es suficientemente importante, necesita achacarlo a algo o a alguien. Al final, lo que encontramos es un estilo de afrontamiento de la vida en general, basado en una incapacidad para asumir responsabilidades, comprometerse e implicarse, probablemente, por miedo a tener que asumir las consecuencias de los propios actos. Sin duda puede llegar a ser desesperante compartir vida con personas que siempre tienen razón, nunca se equivocan y por encima de todo, nunca tienen la culpa de ningún error.
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RELATOS.... DE VIDA.... 
JUAN EDUARDO ODA...
--- Ya son cincuenta años del nacimiento en Junio de 1971 de ese Chavito mágico que desde un humilde barril supo conquistar al mundo entero, y es tanto su hechizo que uno es capaz de ver a sus personajes una y otra vez sin que las décadas puedan desteñir su encanto. Así el chavo del 8 es un referente clásico de nuestra infancia, juventud y adultez, yo aún conservo el recuerdo - aunque muy erosionado por los años - de cuando nos visitaron en el estadio La Portada de mi natal La Serena siendo yo un niño de seis años allá por 1977. Me dice mi mamá que fue un evento donde una multitud - en una época sin internet - los recibió con un cariño asfixiante, sí hasta Chespirito contó que en Coquimbo les donaron unos terrenos y en Viña una casa les quisieron regalar. Hace unos días el Chavo del 8 cumplió medio siglo, en unos pocos días yo también tendré medio siglo, y me doy cuenta que esa vecindad me ha acompañado toda mi vida, me han hecho reír, emocionar, me han ayudado a minimizar el tedio de muchas tardes, maximizando la alegría. En nuestra cultura actual del úselo y deséchelo - del cual no se escapan ni los programas de televisión - Chespirito y sus personajes mágicos nos recuerdan que cuando algo o alguien toca lo más profundo de nuestras emociones se queda en nosotros, pues ya no lo recordamos con el olvidadizo cerebro, sino que con el agradecido corazón.



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