OJO... HISTORIA DE VIDA Y MORALEJA...
MAYTE GARCÍA CANEIRO.. N
---- Era un viernes de hace unos cuantos años. Faltaban 15 minutos para salir del que por entonces era mi trabajo y recibo en mi bandeja de entrada un “encargo muy especial” con muy buenas palabras, eso sí, pero con un timming que mi cerebro interpretó en milésimas de segundo como “imposible”, (la fecha de entrega era el lunes a las 10 de la mañana). Miraba el reloj, miraba la petición, miraba los puntos que me pedían, miraba el timming, el corazón se me aceleraba, miraba el portátil sin verlo, la vista se me nublaba. “¿Pero de qué van? ¿A qué están jugando conmigo? ¿Quieren que reviente? No, claro, lo que quieren es que me pase todo el fin de semana trabajando. ¡Qué provocación!, y a estas horas. Ya les vale”. Mi diálogo interior me llevaba a protagonizar mi propio día de furia. No estaba enfadada, sino lo que venía después del enfado. Me quedé bloqueadísima y sólo quería salir corriendo. “Perfecto, me dije. Si lo que quieren es que reviente, no lo van a conseguir. Hasta aquí hemos llegado.” No podía pensar, así que cuando llegó mi hora, tomé la decisión de cerrar el portátil y marcharme a casa, asumiendo toda la responsabilidad de las consecuencias. Sin embargo, cuando llegué, no podía dejar de pensar en el encargo y mi sentido de la responsabilidad se apoderaba de mí. Algo tenía que hacer para romper ese bloqueo. Recordé entonces una técnica de risoterapia muy alineada a los experimentos que realizó la psicóloga social Amy Cuddy para demostrar la importancia que tiene el lenguaje corporal en las emociones. Me tumbé en el sofá de mi casa, empecé a respirar y a sonreír sin ganas. Sabía que tenía que mantener esa sonrisa, fingirla hasta sentirla, por lo que debía mantenerla durante más de dos minutos. Antes de que pasasen, la propia situación, por lo absurda que era, me provocó una carcajada nerviosa, y yo sola, ahí, en mi casa, viví mi propio festival del humor surrealista, pero super efectivo. Cambió mi estado de ánimo, y curiosamente, a la mañana siguiente, totalmente descansada y despejada recordé un archivo en una de mis carpetas que contenía una información muy similar a la que me habían solicitado el viernes a última hora. Me di cuenta que, añadiendo un par de datos y actualizaciones, que me daría tiempo a realizar el lunes a primera hora, lo tendría listo para las 10. Y así fue. Cuando algo te bloquee, prueba las técnicas de relajación y también la de la risa. Puede que te ayude.

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